mas vale usar pantuflas, que alfombrar el mundo .




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domingo, 30 de marzo de 2008

Las cosas invisibles necesitan encarnarse .

Termina de lavar los platos, camina hacia la habitación, lo mira, sólo lo mira. Entra en el baño, hace lo de todas las noches, cepilla sus dientes, se lava la cara y allí se encierra por más de una hora; las cremas en su cara, una rutina que no falla. Sale del baño y vuelve a la cocina, la mira, esta más que limpia, no necesita limpiar más.
Entra en el cuarto, él ni la mira, ella tampoco. La televisión a todo volumen, ni se desgasta en subir un poco el tono de la voz y hacer un comentario, no dice nada. Se saca los zapatos, las medias, el pantalón y la blusa, sentada en la cama, se pone el camisón. Antes de apoyar una parte de su cuerpo en el colchón, agacha un poco la mirada y observa el piso, y toda la ropa tirada. Se vuelve a levantar de la cama, se agacha y la levanta. Guarda la camisa, la corbata y el pantalón. Ya sí puede acostarse.
Prende el televisor, los dos se quedan mirando un programa, el cual a ninguno le interesa; no les importa, los dos desean dormirse y cuanto más aburrido sea el programa, mejor, más fácil seria dormirse.
-¿Terminaste de leer ese libro, Rolo?- La repuesta le importaba poco; un libro que explica “Cómo hacer un mejor asado” no le llamaba para nada la atención. Poco le llamaba la atención.
- Sí. Escuchá, me invitó este tipo del laburo, que cumple años, a un asado mañana, así que nos levantamos tranquilos, y antes de las 11 salimos, así pasamos por el supermercado a comprar algunas cosas. ¿Te parece regalarle un libro?
- Sí. O le podés llevar un vino. ¿Querés?
- Dale, como quieras.
Los dos en silencio.
Ella giró hacia un lado de la cama, en el cual siempre dormía. Lo miró por encima de sus hombros, él seguía mirando la televisión.
Apagó la luz. Tenia frío, él todo lo contrario, estaba totalmente destapado; se tapó con unas frazadas. El la miró, no entendía como podía tener frió con el calor que él sentía.
Se acostó sobre un costado del cuerpo, dándole la espalda. El ya estaba muy cansado de mirar televisión, la apagó. Le encanta quedarse acostado un buen rato mirándola, porque durante el día él trabajaba y no podía hacerlo. Pero esa noche la televisión lo había aburrido.
Ella ya estaba con los ojos cerrados, esperando un mágico sueño. Con el cual inspirarse durante el día siguiente.
Sintió una mano en la cabeza. En la cara se le dibujo una mínima sonrisa. Extrañaba tanto. Pero se dio vuelta y era la almohada que ella había empujado para su lado.
Desilusión.

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